Se sacó un diez Sebastián Piñera
Ana Isabel Ochoa Uribe
Fotografía tomada de: www.google.comDespués de dos meses en cautiverio en lo más profundo de la tierra (a 622 metros) fueron rescatados con vida los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados en la Mina San José el 5 de agosto del presente año y que sobrevivieron gracias a la unión de todo un país y a la cooperación del mundo entero.
Cuando se conoció que después de 18 días del derrumbe de la mina chilena los 33 mineros se encontraban con vida, Chile no descansó ni un minuto para buscar la manera perfecta de traerlos de nuevo a la civilización. La Nasa, las fuerzas armadas de muchos países, la ingeniería, la mano de obra de miles de rescatistas, la sicología etc, fueron algunas de las herramientas que hicieron posible la perfección de La Operación Fénix que devolvió a la tierra a estas personas.
Sin embargo ninguno de estos organismos hubiera funcionado bien sin la unión, el buen trabajo en equipo y el excelente mandato del Presidente chileno, Sebastián Piñera, quien una vez más le demostró al mundo entero, y sobre todo a Latinoamérica, que Chile es un país ejemplo.
Sin importar el color de piel de los mineros, sus ideologías políticas, sus relaciones con el Estado, sus religiones, sus países de origen y muchas cosas más, Piñera desde un comienzo sólo tenían dos objetivos claros: sacarlos a todos con vida en el menor tiempo posible y hacerles mejor su estadía en el fondo de la tierra.
Fue entonces desde el 5 de agosto que el mundo entero reconoció al mandatario chileno no sólo como un buen gobernante; preocupado, angustiado y al frente de los problemas de su país, sino como un verdadero Ser Humano que asumió el accidente de la mina San José como si le hubiese pasado a él mismo o a alguno de su familia.
Y eso precisamente fue lo que el mundo entero presenció (1000 millones de personas) el martes 12 de octubre, cuando con júbilo y esperanza, un hombre de chaqueta roja informal, de casco blanco, pantalón negro, casi uniformado como cualquiera de los rescatistas, apareció ante las cámaras con la única esperanza de ver, en la superficie de la tierra, a cada uno de los 33 mineros con vida, con buena salud y con sus familias.
Piñera se apropio del rescate, no por aparecer ante las cámaras globales durante 22 horas, ni tampoco para aumentar su popularidad y mucho menos para demostrar que sin él esto no habría sido posible sino para abrazar a cada uno de los mineros, felicitarlos y agradecerles por haberle enseñado está lección de vida.
Sin lugar a dudas, la mayor enseñanza que nos deja está hazaña es que el precio de una vida está por encima de intereses económicos o ideológicos, el mundo entero se congratuló por el retorno a la vida de seres humanos sin escatimar esfuerzos ni recursos para lograrlo.
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