Cees Nooteboom, un errante de las letras
Ana Isabel Ochoa U
Tomada de http://www.google.com/Es ante todo, un buen conversador. Sí, luego de leer a Cees Nooteboom, específicamente su libro: en las montañas de Holanda y algunos comentarios sobre sus obras, la primera conclusión que de manera insistente se presenta en mi mente es que este autor (Ceis Notbom, como se pronuncia su nombre) es un excelente conversador.
Desde el comienzo me hizo sentir como en una agradable tertulia, me transportó a un ambiente en el que realmente se “escucha” con gusto y con placer, su relato. Cuando se retoma la lectura después de una interrupción obligatoria, es como volverse a encontrar con un buen amigo y preguntarle: ¿En qué íbamos?
Para dar a conocer entonces, a este escritor de novelas, poeta, ensayista, cronista y traductor, me quiero centrar no sólo en su obra “En las montañas de Holanda” sino también en el rastreo bibliográfico que, como mencioné anteriormente, realicé sobre él. Es a partir de estas dos fuentes que de manera específica comenzaré a hablar de aquellos conceptos interesantes que llamaron mi atención y por los que lograré expresar mis opiniones personales.
Para empezar pienso que es importante hacer una pequeña sinopsis que cuente en qué consiste este libro. Alfonso Tiburón de Mendoza es un escritor nacido en Zaragoza y cuyo oficio real es ser inspector de carreteras. Él escribe la historia de Kai y Lucía, ilusionistas de circo, quienes por galta de empleo deciden abandonar la Holanda del norte para viajar al sur y encontrar mejor suerte en su trabajo. Al llegar a este lugar misterioso, la Reina de las Nieves secuestra a Kai y Lucía emprendé un viaje a un lugar desconocido para buscarlo.
En el caso concreto del libro quiero resaltar su estilo (del cual salen mis principales concluisiones), pienso que el autor entrelaza de manera realmente magistral, la trama principal de la obra con un relato paralelo sobre quien escribe la obra; en ese relato se regaña él mismo, se autocritica ante el lector, le advierte que el párrafo que sigue no vale la pena y que por lo tanto, si lo desea, se lo puede saltar, lo que obviamente uno no hace pues quiere verificar si realmente esto es cierto.
Es aquí donde más se siente la sensación de que uno no leyó un libro sino que tuvo una muy buena conversación con una persona valiosa y agradable.
Es entonces en este aspecto de su obra que creo que el personaje ficticio de Alfonso Tiburón de Mendoza es el mismo Cees Nooteboom por varias razones:
En primer lugar demuestra con este personaje su amor y gran conocimiento por España, plasmado en muchas de sus obras, principalmente en “el desvío a Santiago” un libro de crónicas de viajes de un escritor holandés enamorado profundamente de España.
Para él España es uno de los países ideales para viajar, le gusta por sus espacios inmensos, por su tradición ligada a los judíos y a los árabes, por sus catedrales, por su gastronomía, entre muchas otras características. Y desde que llegó a este país en época de la dictadura de Franco, aproximadamente en 1954 hasta la acualidad, no ha pasado un solo año sin visitarlo.
En segundo lugar el personaje del libro y él son el mismo porque tienen en común esa gran pasión por el sur, pues Nooteboom llegó por primera vez a España sólo por aquella idea obsesiva que tenía del sur. En el libro se refleja esto con esa marcada diferencia que el autor hace todo el tiempo entre el norte y el sur, no sólo de Holanda sino de muchos otros lugares del mundo.
Todo el tiempo el autor resalta tanto las diferencias como el antagonismo que existe entre estos puntos cardinales en el mundo. Y no solamente es norte contra sur sino la comparación entre desarrollo y subdesarrollo, como es evidente entre Europa y África, Norteamérica y Suramérica.
En tercer lugar son la misma persona por su gran espiritu viajero. Aquel inspector cuenta que el puede explicar todo imaginándose una carretera y, ¿ qué mejor manera de describir un paisaje o una región que cuando se la recorre por sus caminos? Cees Nooteboom es un autor holandés que vive en constante nomadismo por el mundo, asegura que el viaje y la escritura son su vida porque le permiten trabajar con sus elementos inspiradores principales: la observación y la imaginación.
Esta pasión se refleja claramente en dos aspectos reales. En su obra “Hotel nómada” que es un libro dedicado a los viajeros reales en el que Nooteboom nos deja conocer su propia condición de nómada en sus viajes por Bolivia, Malí México y Gambia y en la explicación de por qué escribió “En las montañas de Holanda”.
En una entrevista realizada por el bloguero Antón Castro dijo (1): “La idea de este libro me vino a la cabeza durante un viaje con mi mujer que es fotógrafa. Ibamos conduciendo hacia el Monasterio de Aula Dei y de repente vi el personaje principal y su nombre: Alfonso Tiburón de Mendoza […] y la idea de que fuera inspector era porque ibamos en una carretera. Cuando se me vino esta imagen le dije a mi mujer que escribiera todo lo que yo le dijera”.
Con la experiencia de esta lectura he descubierto que un buen autor es aquel que no solamente atrapa al lector desde el principio por el contenido de su historia, sino que le permite, le facilita a uno que se sienta al escritor como “un viejo conocido” como alguien que, sin querer imponer creencias ni credos, con respeto por el lector, le deja adquirir esa respetuosa familiaridad que se consigue al compartir en ese ambiente.
Leer no es pues solamente interpretar signos sino compartir con el autor, estar de acuerdo o no con él, “conversar” con él al punto de familiarizarse con su estilo, criticarlo pero también reconocerle logros. Y esta experiencia fue la que sentí al leer “En las montañas de Holanda” de Cees Nooteboom.
(1) http://antoncastro.blogia.com/2005/030401-conversacion-con-cees-nooteboom-.php
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