“Olvídense de cualquier acuerdo”
El pasado 30 de septiembre el gobierno de Ecuador se enfrentó con una sublevación de unidades policiales debido al veto presidencial que se le dio a la ley de servicios públicos, la cual elimina ciertos beneficios a los militares como las condecoraciones y bonificaciones.
Ante esto los policías y militares de tropa intentaron hacer un supuesto golpe de Estado al gobierno de Correa que no fue efectivo debido a que la Cúpula Militar (Comandante de las Fuerzas Armadas, Comandante de la Policía, Comandante del Ejército, Comandante de la Fuerza Aérea y el Comandante de la Marina) estaban a favor del Presidente ecuatoriano. Ante tales acontecimientos, el vecino país se declaró en Estado de Expeción.
Al ser víctima de estos ataques Correa se igualó con la actitud que tomó frente a los sublevados y salió a enfrentarlos gritándoles frases como: “si me quieren matar, mátenme” y “olvídense de cualquier acuerdo o cualquier diálogo”. ¿Es prudente que un Jefe de Estado, reaccione de esta manera?
En primer lugar es necesario entender que el líder de un país, al ser ejemplo, genera con sus actitudes un impacto directo en la forma de ver los acontecimientos de los civiles.
En segundo lugar, la figura de Presidente emana rectitud, respeto y sobretodo diplomacia, en momentos de caos es mejor guardar la calma y tratar de solucionar con altura un hecho que nada tiene de diplomático, teniendo presente que nunca se debe responder con la misma moneda.
Todo lo contrario fue lo que el mundo entero vio en los diferentes medios de comunicación, cuando Rafael Correa, mandatario del vecino país, halo con fuerza su corbata y con su cara ruborizada gritaba a todos los presentes.
Ecuador entró en caos al no contar con el buen orden público que debe garantizar la Policia. Institución que no solo rompió con la obligación de proteger a su jefe máximo (el Presidente), sino que además lo atacó directamente con violencia y malos tratos.
Esta respuesta no es de extrañarse si analizamos las actitudes que han tomado recientemente los diferentes líderes de América Latina. El tinte novelesco y melodramático se roba la atención de las cámaras volviendo asuntos políticos en asuntos netamente mediáticos.
Todo lo anterior demuestra una vez más que en muchas ocasiones (no necesariamente en la de Correa) los líderes políticos hacen que los lentes de las cámaras centren su atención en hechos que "se roban" la verdadera agenda pública dejando a un lado asuntos realmente importantes que son los que permiten solucionar adecuadamente los problemas, desde su base, y que si se hbalan a la luz pública , o se muestran más de la cuenta, perjudican la popularidad y credibilidad de los líderes de este subcontinente.
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