Él es Joaquín Antonio Gómez Mesa, un habitante de la ciudad de Envigado que asegura, que aunque su pueblo registra como una gran ciudad, sigue conservando la plaza principal que caracteriza a los tradicionales pueblos antioqueños. Vive a tres cuadras del parque, en una casa construida con cal que conserva las ventanas de madera que le recuerdan a las visitas que sus cuñados les hacían a sus hermanas cuando eran novios.
Todos los días se despierta a las seis de la mañana, se toma un café con leche, se come un pan de queso y emprende la caminata por las tres cuadras largas que lo separan de su destino final: El Parque de Envigado.
- Cuando llegó al Parque, me encuentro con estos dos señores, amigos míos del Liceo Manuel Uribe Ángel y entramos a la misa de siete a dar gracias a Dios por tenernos con vida todavía, a propósito majita ¿usted sabía que en diciembre esta iglesia es de las más alumbradas? Atrae a muchos turistas pero jamás como era ahora años.
Según Joaquín Antonio Gómez, hace algunos años la plaza era el centro turístico de Medellín, dice que anteriormente el parque de Envigado tenía muchas mesas en el centro y las personas que lo visitaban se sentaban en ellas a tomar aguardiente y a escuchar a los merenderos que pasaban de mesa en mesa cantando boleros.
- Cuando salimos de misa nos dirigimos hacia Las Nubes, un estadero al lado derecho de la iglesia, ahí compramos un periquito y el periódico, en semana simplemente lo leemos, pero los fines de semana nos sentamos a hacer el crucigrama entre los tres, después jugamos ajedrez, parqués o simplemente hablamos de los problemas actuales del país o recordamos como era todo ahora años. Y eso si lo tengo que confesar algunos jueves nos metemos ahí a los billares El Palomar y nos tomamos unos aguardienticos- dice Joaquín con una sonrisa que demuestra la alegría que siente por pertenecer a ese lugar.
Al parque de Envigado lo llamaban el parque del amor, pero no era precisamente por ser de los enamorados, sino porque era el parque de la mor, es decir, el parque de la morcilla, dicen, que en este lugar se encontraba la mejor morcilla de la región. Para don Joaquín y sus amigos, este era un verdadero manjar que no se perdían los domingos después de ir a misa.
Y así transcurren los días de este señor, recordando el pasado y aprendiendo del presente, el dice que aunque los tiempos han cambiado, todavía se conservan tradiciones autóctonas de la vida de pueblo, dice que todavía la gente viene a la plaza para contratar músicos, pues allí se encuentran tríos de carrilera, papayeras y mariachis. Asegura también que el sombrero y el carriel siguen tomando protagonismo en los viejos, que como él, van a la plaza a divertirse. También los carros de comidas conservan los mismos productos como churros, algodón, solteritas, entre otros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario