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domingo, 1 de agosto de 2010



COLEGIO Y PRISIÓN: ¿SON DIFERENTES?


Ana Isabel Ochoa U



Si nos pusiéramos a hacer un paralelo entre dos instituciones, la educativa y la carcelaria, responderíamos algo así: un colegio es el lugar al que van los menores a adquirir conocimientos que los van a formar para la vida. Una prisión es el sitio al que llevan a los presos para que paguen por su delito y en algunas ocasiones (no creo que sea la colombiana), los reeduquen para volver a la vida civil.


Serían dos lugares que aparentemente muestran gran diferencia: el objetivo principal de uno es enseñar y el del otro es castigar. Pero si tenemos que decir cuáles objetos hay en un colegio y cuáles en una cárcel responderíamos que en la cárcel hay rejas, uniformes, timbres, patios en el centro de la edificación, horas fijas para descansar, para comer, entre otros. En un colegio por el “contrario” encontraríamos rejas, uniformes, timbres, patios en el centro de la edificación, horas fijas para descansar, para comer etc. Esta respuesta entonces, nos hace pensar que el objetivo principal de ambos es hacer a un grupos de personas diferentes, iguales.


En Colombia la educación parte del principio que la forma de enseñar debe ser uniforme, los mismos métodos y materias para todos sin tener en cuenta las habilidades y limitaciones de cada uno. Todo el tiempo le están recordando al estudiante que no puede hacer nada solo, que todavía no puede definir cuáles son sus gustos académicos y que mucho menos puede ser autónomo para decidir cuándo está preparado para realizar alguna prueba.


Esto muestra que los colegios subvaloran a los estudiantes, prohibiéndoles el propio desarrollo de la personalidad, la autonomía y la autoestima. Los asume también como seres que deben ser dirigidos siempre bajo la vigilancia y el temor al castigo, dejando así menos notoria la línea divisoria entre colegio y prisión.


Un ejemplo claro de esto es que a los estudiantes de décimo y undécimo de bachillerato todo el tiempo les están negando permisos, cohartando sus iniciativas, limitando sus aspiraciones, con la excusa de que “ustedes todavía no son grandes”. ¿Cómo es posible que un ser humano que no era capaz de tomar sus propias iniciativas, de un momento a otro (paso del bachillerato a la universidad) sea “puesto en libertad” para que ahora sí actúe por sí mismo?


La consecuencia de este esquema rígido en la educación, se evidencia en muchas ocasiones, en el comportamiento de estos estudiantes así formados, en la universidad. Quedan con rezagos del colegio, como estudiar solamente con las notas de clase, sólo lo que dice el profesor es válido, no tienen autonomía crítica ni moral para analizar un documento, no son capaces de afrontar de manera crítica este cambio


Es claro entonces que la prisión y el colegio en muchas ocasiones no cumplen con su verdadero objetivo principal, preparar al individuo para vivir en sociedad, comportándose de acuerdo a sus potencialidades y no seguir creyendo que todos son iguales en gustos y aspiraciones



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